Ciertamente religiosos, o ciertamente consagrados
Pastor, Ricardo Iribarren
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Ciertamente religiosos, o ciertamente consagrados

Mientras escribo esta columna vienen a mi mente recuerdos de mi juventud. Por esa época mi madre me había enviado a un campamento de jóvenes. En esos días de vacaciones, allí en el campamento, conocí a muchos jóvenes cristianos, de ambos sexos.

 Cada día que pasábamos juntos compartiendo el estudio de la Palabra de Dios, tanto por la mañana, o en los almuerzos, o por la tarde durante los deportes, nos contagiaba el entusiasmo de querer hacer grandes emprendimientos para la causa de Cristo.

Algunos, a causa de las reuniones de consagración, sintieron el llamado al servicio ministerial. Así era aquello: muchas manos levantadas cuando los predicadores de turno instaban a tomar decisiones. En una de esas ocasiones yo también levanté mis manos; pues el impacto que me causó el mensaje del pastor Luis Stokes, disertador en ese momento, golpeó muy fuerte dentro de mi ser. Y entre lágrimas me decidí por lo que era en aquel entonces algo tan especial: seguir a Cristo.

Ha pasado bastante tiempo de aquel campamento juvenil de verano. Es un hecho triste pero ciertísimo que hoy no haya en muchos creyentes el deseo fructuoso y franco de trabajar para Cristo. Sin duda hay hoy en día una falta de abundancia por el amor a Dios.
Mucha religiosidad no es signo garantizado de amor al Autor de la salvación de nuestras vidas. Tal vez pudiera ser devoción a ídolos, a costumbres tradicionales u otros motivos de conveniencia. Los egipcios, por ejemplo, adoraban a los cocodrilos (embalsamaban a los muertos). Los griegos adoraban a “su” Venus, a Ceres o a Baco, por similares motivos de conveniencia. Muchos aman el salir, el pasear, el dilapidar el dinero que tienen en cosas totalmente superfluas — o el dinero incluso que no poseen, endeudándose hasta la desesperación misma, y a su familia. Todos estos creyentes “religiosos” indudablemente no aman verdaderamente a Dios, aunque digan que sí y dentro de ellos crean que así es. La respuesta de la Biblia es clara: “Por sus frutos los conoceréis…” (Mateo 7:16). Y sabemos que hay muchos cuyos frutos se han convertido en “pasas de uva”, es decir, se han secado.

Estos amadores “pasas de uva” tienen, sin embargo, dos ventajas sobre los demás que no son “pasas de uva”: son vistos como religiosos y se les admira como “consagrados”.

Los sacerdotes de “Venus” eran religiosos y consagrados y su profesión era excelentísima… excelentísimamente “muerta”. Hoy sus actos han quedado registrados en el libro del olvido. No obstante, creo que al paso que vamos y en la dirección que nos movemos, muchos creyentes de hoy pronto van a estar registrados también en el libro del olvido; o quizá el título del libro sería mejor: “Los que no desearon hacer algo por su Señor ni para estar en el libro de la vida” (reflexione en Apocalipsis 20:15).

Dios bendiga tu vida. Pastor Ricardo Iribarren.

Tipeo, diagramación y corrección de texto: Miguel A. Vreska (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)

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