No hay incrédulos en el Infierno
Pastor, Ricardo Iribarren
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No hay incrédulos en el Infierno

No hay incrédulos en el infierno. En Lucas 16, Jesús nos cuenta una historia muy aleccionadora. Todas las personas que se hallan allí finalmente creen en el infierno. En la evangelización, éstas están pidiendo a gritos favor para que sus seres queridos no terminen con ellas en ese lugar.

Han pasado ya más de 2000 años y ese hombre rico, de Lucas 16, no ha tenido un alivio. Porque todos los que se hallan allí se encuentran en medio del tormento y el dolor. Escuche sus gritos: «¡ENVÍA A ALGUIEN A MI FAMILIA! Que escuchen el mensaje del perdón de los pecados y que crean al Único Mediador Señor Jesucristo. ¡POR FAVOR, AYÚDENLOS!» (reflexione en Lucas 16: 19-31).

EL INFIERNO ES PARA LOS NO CREYENTES; SIN EMBARGO, NO HAY INCRÉDULOS EN ESE LUGAR DE FUEGO.

Recuerdo el testimonio de un hombre, José el pescador, quien había recibido a Cristo como su Salvador. Él había sido policía, suboficial, en la provincia de Corrientes. Durante un enfrentamiento con delincuentes recibió varios impactos de bala en el pecho, cayendo muerto casi en el acto. Este ex-suboficial fue directo al infierno.

Era tan horroroso ese lugar, según su propia descripción que nos diera luego, que nos impactó a todos cuando lo narraba en nuestra iglesia. Él no necesitaba ya convencerse de que si el infierno era o no real.

Sucedió finalmente que José volvió a la tierra estando su cuerpo depositado en la morgue del hospital. De repente se despertó y, en medio del estupor y la sorpresa del personal, enfermeros y médicos, de allí lo llevaron urgente a sala de cirugía para extraerle unas balas; ¡pues contaba con todos sus signos vitales!, nos comentaba él.

Todos los hermanos y yo pudimos ver esos impactos de bala en su tórax, porque los mostró a la iglesia. Era asombroso e impresionante presenciar  la huella del proyectil principal en el centro de su pecho. Recuerdo que él dijo: «yo morí y fui directo al infierno».

José aceptó a Cristo Jesús y fue liberado del temor y el espanto de ese terrible lugar.

Este es un testimonio más entre tantos de miles. Lo que también es digno de destacar es que su referencia del infierno no fue como la de otros que, en circunstancias similares, dicen haber pasado por un “túnel” oscuro y más allá una brillante luz; y que una vez llegados hasta esa luz fueron bien recibidos, alentados y devueltos a la tierra. Esas personas que narran dichas experiencias puede que no estén mintiendo, y que todo lo que vivieron sea cierto; no obstante, esas personas fueron hábilmente engañadas por el enemigo de las almas, el diablo.

Hay dos caminos señalados para el ser humano:El camino de la vida a través de la obra consumada de Jesucristo, quien dijo de sí mismo: “YO SOY la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25).

El otro camino es el de la condenación y el infierno: “Y vi los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios; y los libros fueron abiertos; y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar dio los muertos que estaban en él; y la muerte y el infierno dieron los muertos que estaban en ellos; y fue hecho juicio de cada uno según sus obras. Y el infierno y la muerte fueron lanzados en el lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue lanzado en el lago de fuego” (Apocalipsis 20: 12-15).

Jesús enseñó que “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar; temed antes a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el quemadero” (Mateo 10:28).

Sólo Jesús puede salvarnos de los terrores del infierno y llevarnos al cielo con seguridad. ¿No deberíamos estar diciendo a las gentes que hay un cielo que hay que ganar, en Jesucristo, y un infierno que evitar?

¿No deberíamos estar advirtiéndoles y animándoles a confiar sus vidas a la salvación ofrecida por el Señor Jesús?

Recuerda: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo, para que condene al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del Unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas” (Juan 3: 16-19). (Continuará)

Dios bendiga tu vida. Pastor Ricardo Iribarren. (Biblia consultada: SEV – Sagradas Escrituras 1569)

Tipeo, diagramación y corrección: Miguel A. Vreska (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)

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