“Yo soy la resurrección Y la vida” (Juan 11:25)
Pastor, Ricardo Iribarren
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“Yo soy la resurrección Y la vida” (Juan 11:25)

Cuando llegó el tercer día: el día en que nuestro Salvador resucitó, abandonando la tumba, algunas cosas sucedieron. Por un lado, los religiosos pagaron a los soldados apostados junto a la tumba para que dijeran que su cuerpo había sido robado. Por otro lado, unas mujeres piadosas, que habían creído en él, corrieron muy temprano hasta la tumba y comprobaron que, efectivamente, estaba vacía. Dice la Biblia que Juan y Pedro corrieron, pero que juan corrió más a prisa y llegó antes (Juan 24:4).

Las noticias se cruzaban por todas partes. Algunos recibieron la noticia de parte de los soldados, quienes dijeron: “Nosotros nos dormimos profundamente y sus discípulos vinieron y se robaron el cuerpo” (véase Mateo 28: 11-15). ¿Usted se puede imaginar por un momento lo que pudieron haber pensado los “reporteros”, conociendo la disciplina del ejército romano? Pero, bueno, es probable que muchos hayan creído esa mentira, al menos por algún tiempo.

Los apóstoles, todavía bastante atemorizados, estaban reunidos, tal vez tratando de ver cómo encarar la nueva situación. Cerradas las puertas, en un momento, Jesús se les presentó y se puso de pie frente a ellos, expresando… “Paz a vosotros”. Nadie dijo nada. Mas todos le reconocieron. Esto le comunicaron luego con regocijo al único ausente allí: Tomás. Pero éste no creyó, alegando que exigiría pruebas (véase Juan 20: 19-25).

Otro caso llamativo es el que se registra en Lucas, capítulo 24: 13-18, donde dice que dos de sus discípulos caminaban hacia la aldea llamada Emaús. No dice quiénes eran, ni si alguno de los dos -o quizá los dos- pertenecía a los doce. Sólo menciona que uno de ellos se llamaba Cleofas (Vers. 18).

Mientras hablaban animadamente -aunque se encontraban muy tristes, porque para ellos Jesús era el Mesías prometido-, sin darse cuenta, un hombre se les unió. ¡Éste hombre era Jesús mismo! A cierta altura de la conversación, Jesús intervino; y mientras les hablaba -según dijeron más tarde-, sus corazones ardían dentro de ellos.

Hay mucho para comentar, pero… ¿no le parece que hay una semejanza entre aquel día y un futuro día, el cual se está acercando: cuando el Señor recoja a los suyos? Aquello fue una gran victoria, pues el Señor venció al peor enemigo: la muerte (véase 2Timoteo 1:10). Mas cuando la iglesia en un futuro haya partido, habrá en la tierra un gran movimiento; y no solamente en Palestina, sino en todo el mundo.

Los noticieros y las redes sociales se encontrarán atareados proporcionando reportes de desapariciones de millones de personas. También se verificará que infinidad de tumbas se habrán abierto: puesto que los cuerpos de quienes murieron en Cristo saldrán de ellas renovados. Y tal como en aquel entonces, cuando algunos se dirigieron al sepulcro donde habían colocado el cuerpo de Jesús y lo encontraron abierto y el recinto vacío, así también ahora sucederá con los muertos en Cristo. En esos días, hombres y mujeres que tengamos seres queridos que ya fallecieron, habiendo conocido ellos y nosotros la doctrina del arrebatamiento y la “primera resurrección”, seguramente correremos hacia los respectivos cementerios sólo para comprobar si esa madre, o padre, o esposa, o esposo, o hija, o hijo, cuyo cuerpo haya sido depositado allí, todavía está en ese lugar (reflexione en 1Tesalonicenses 4:13-18).

Supongamos por un instante que una persona comprueba que el cuerpo de un ser amado no está en ese lugar, ¿no le parece a usted que esa sola prueba contundente de la tumba vacía, sin intervención  humana, no podrá convencer al familiar incrédulo de que ha llegado el momento de arrepentirse? Ciertamente, los gobernantes, los pastores y los curas que no creen -ni nunca creyeron- en el Cristo resucitado, darán sus explicaciones; tal como entonces aquellos dieron dinero a los soldados para negar la realidad. Pero… ¿cuántas personas, que alguna vez escucharon sobre el arrebatamiento y la resurrección, les creerán? Sí, entre la resurrección y el arrebatamiento hay mucho en común. Precisamente, los días previos a la resurrección de Cristo, fueron los días más difíciles para sus discípulos. Creo que la iglesia hoy está viviendo los días más difíciles, los más oscuros y hostiles: porque se vislumbra que pronto viene, que está por llegar “el gran día del arrebatamiento”.

Dios bendiga tu vida. Pastor Ricardo Iribarren.

Tipeo, diagramación y corrección: Miguel A. Vreska (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)

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